Sobre perseguir los sueños

Hace tres años, durante mi Erasmus en Francia, decidí empezar una página de Facebook en donde publicaba un dibujo al día, o por lo menos eso intentaba. Mientras todos mis amigos estaban de fiesta, yo me quedaba en casa dibujando. Al principio los dibujos eran terribles, nada más que un simple ejercicio para obligarme a ser constante en algo. La constancia siempre me ha costado. Siempre ha sido más fácil perder tiempo y decir: “lo hago mañana”. Así que la página me sirvió para dejar de lado la mala costumbre de no terminar nada y para desaprender todo lo que había aprendido en Bellas Artes e intentar buscar mi propio camino.

Al principio no pensaba que pudiera llegar a nada. Muchas veces pensé que no tenía sentido seguir quedándome en casa mientras mis amigos estaban de fiesta para que al final nadie viera mis dibujos. Me sentía perdida y no sabía qué hacer. Sabía que quería dibujar pero en mi mente rondaba una y otra vez la frase que tantas veces escuché en la facultad: “Del arte no se vive si no tienes contactos…”. A pesar de que ese pensamiento ganaba el partido muchas veces, había algo que me decía que, de alguna u otra forma, vivir de dibujar podía ser posible ¿para qué había estudiado la carrera de mis sueños si luego no iba a poder vivir haciendo lo que más me gustaba?

Mi sueño era ser uno de los autores de la feria del libro de Madrid, pero a falta de libro decidí ir igual a la feria, elegir un árbol y colgar dibujos gratis para todo el que pasara. Al principio los que entendieron mejor el mensaje fueron los niños, que poco a poco fueron arrastrando a los padres a tomar dibujos del árbol. Ver la reacción y las sonrisas de las personas me gustó tanto que me dio ánimos para seguir dibujando cada vez más.

Al terminar el año de Erasmus y terminar la carrera, seguía sin saber qué hacer, sabía que quería dibujar y que quería vivir de ello pero no sabía cómo. Mi novio me propuso irnos al pueblito de sus abuelos, en el sur de Italia, a vivir por menos para poder dedicarnos a nuestros proyectos de lleno y así fue. Cambié mi amada Madrid por Amantea, un pueblito del sur de Italia. Al principio no fue fácil acostumbrarme, pero lo que importaba era que tenía tiempo para dedicarme de lleno a dibujar sin preocuparme por el alquiler, el transporte y todas las cosas que en una ciudad nos hacen gastar muchísimo dinero.

Al dibujar todos los días, todo el día, fui encontrándome a mi misma. Fue como un viaje a mis inquietudes e inseguridades que poco a poco se fueron manifestando en dibujo. A medida que empecé a hacer dibujos más sinceros, mejor respuesta empecé a tener en las redes sociales. Chicas que me escribían para agradecer los mensajes y hasta ofertas de trabajo, que me hicieron abrir los ojos, cargar baterías y seguir trabajando.

Crecí con la eterna presión de adelgazar y de la mujer perfecta, pero a medida que aceptaba que eso nunca había sido parte de mi, los dibujos empezaron a engordar y tratar temas muy cotidianos y que hablaban más de la mujer libre y feliz consigo misma que el estrés por cumplir con las normas absurdas de la sociedad.

Mientras crecía la comunidad en las redes sociales, empezaron a llegar propuestas de trabajo, personas que estaban interesadas en comprar mis dibujos o en encargar alguno. Así empecé a ver los primeros frutos de dibujar constantemente. Pude pagar las primeras cuentas con las primeras ventas y los primeros encargos. Fui a mi primer mercadillo de ilustración, que más por vender valió la pena por la experiencia y por el contacto con el público. P

Gracias al empujón de las redes sociales me han invitado a varios festivales ya sea para dibujar en vivo como para hacer murales. En diciembre 2013 hice mi primer mural en un evento en el sur de Italia, fue el que me sirvió para romper el miedo a dibujar en gran formato y saltar a ese mundo que tanto me gusta y me relaja. En mayo de 2014 hice mi primer mural de 20 metros, al que me enfrenté con un poco de miedo pero con muchas ganas. A raíz de ese mural me han invitado a realizar muchos más en el norte y en el sur de Italia y en España e hice una gira por Estados Unidos con el festival que organizo La Guarimba. El año pasado organicé la primera edición de una escuela de ilustración independiente en el sur de Italia como parte del festival.

Así hasta que el verano pasado recibí un email de la editorial Lumen proponiéndome el proyecto de un libro. Cuando leí el mensaje no podía creerlo, lo que siempre había estado esperando con tantas horas de trabajo era eso, una propuesta de una editorial y mejor aún, de esa editorial.

Desde ese día empecé a trabajar el doble, para terminar el libro y para seguir creciendo, ya sea con las ilustraciones o con los murales.

Todo esto sólo me hace pensar que la eterna lucha por los sueños no es más que constancia y trabajo duro. Nada cae del cielo, pero si tienes las metas claras y las persigues sin descanso, los sueños se cumplen. No va a ser fácil y muchas veces te preguntarás por qué hacer algo que no trae resultados rápidos pero son aquellos que persisten los que serán recompensados.

Sara Fratini
@sarafratini

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